Italia – El autismo de los insurrectos. Escrito de Alfredo Cospito

(Articulo de la revista Fenrir #9, sacado desde voz como arma)

En los últimos tiempos, lxs anarquistas de acción han puesto en el centro de sus acciones al individuo y su grupo, abandonando las asambleas y hablándose directamente a través de las reivindicaciones. El propio concepto de “reivindicación” ha sufrido una transformación radical, a pasado de ser un instrumento “abierto al exterior” a ser un instrumento “encerrado en sí mismo”, dirigido principalmente a los propios afines, a la propia comunidad en guerra. Aunque pueda parecer una paradoja, en esta “introspección” está la muerte de la política, cesa la búsqueda del poder, del consenso. No se buscan continuadores, no se quiere contraponer un “contrapoder” al Estado. En esta óptica, la contraposición que algunxs compañerxs hacen entre “acción anónima” y “reivindicación” se vuelve instrumental, un falso problema. La acción anónima y la reivindicación con o sin acrónimos, si se entienden como prácticas contrapuestas, por mucho que parezcan distantes, devienen síntomas de una especie de “autismo” anárquico. Aunque se vivan de forma exclusiva y dogmática no son otra cosa que dos caras de la misma moneda, la de la política y la de la ideología, en las que no encuentras comunidades en guerra sino adoctrinamiento y proselitismo. No tendríamos que tener ninguna idea preconcebida respecto a las diferentes prácticas de la anarquía (sobre todo cuando se habla de acciones armadas): quien reivindica con un acrónimo en un contexto puede evitar hacerlo en otro, a veces las acciones hablan por sí solas, no veo ninguna contradicción en ello.

Algo ha cambiado, son muchísimos los ejemplos concretos de una visión menos dogmática, más dinámica, con cualidades más evidentes que el insurreccionalismo. No un “subproducto” suyo sino una especie de “evolución” que parece no detenerse frente a condenas, aislamientos, incomunicaciones. Un insurreccionalismo seguramente más desordenado pero con la gran virtud de no tener fórmulas preconcebidas, porque es absolutamente caótico. Produce pocas publicaciones, poca academia, quien habla lo hace en total anonimato a través de las reivindicaciones, desde fuera del anonimato sólo hablan los presos que, con orgullo, reivindican su propio recorrido. Estamos hablando de una visión de la práctica anárquica más peligrosa porque está en continua experimentación, el poder lo intuye y golpea ahí donde más duele. Y así es como se explican tantas represalias que están un poco en todas partes del mundo, Italia, Grecia, Chile, Argentina, Brasil, España… Es innegable que en los últimos años la represión contra el movimiento anarquista se ha intensificado. Los Estados hablan de conspiraciones anarquistas internacionales, en Italia los anarquistas de la FAI-FRI siguen siendo señalados por los propios servicios secretos como el primer peligro subversivo de base interna del país. Llegados a este punto creo que ha llegado el momento de hacerse alguna pregunta. ¿Esta “nueva” anarquía molesta realmente al poder? Y si es que sí, ¿cuál es el aspecto que molesta hasta el punto de que haya tantas represalias que, en mi opinión, sobrepasan la habitual gestión represiva de estos países? En resumen, ¿a qué debemos toda esta atención? Entre todas las prácticas anárquicas, la de la acción destructiva es la que en lo inmediato preocupa más a los gobiernos. Si luego esta práctica se difunde a través de un “lenguaje común” (la comunicación a través de reivindicaciones), y tiende a concentrar sus propias fuerzas en objetivos comunes, concretos, inmediatos, la atención por parte del poder aumenta claramente. Si además este hablarse a través de las reivindicaciones se difunde fuera de los confines nacionales, en consecuencia la alarma crece y el poder se desata a través de represalias en cadena. Este “lenguaje común” ha sido utilizado por la FAI informal en Italia y por las CCF en Grecia, y luego con la FAI-FRI arrancó definitivamente el vuelo por medio mundo evolucionando hacia algo más “esencial”, más dinámico, que ya no gira exclusivamente entorno a un acrónimo. Nunca ha sido un acrónimo (fuese el que fuese) el que ha construido este “lenguaje en común”, sino la eficaz arma de las “campañas internacionales” convocadas no por comités, organizaciones, asambleas, sino por acciones, por los anarquistas de praxis sin ningún intermediario. Lo hemos visto también en los últimos tiempos con las miles de acciones que han habido después del G20 en Alemania, Francia, Grecia… en las acciones en venganza por el homicidio de Santiago Maldonado en Chile, Argentina, Brasil, Italia, Grecia, Francia, Alemania, en solidaridad con el preso anarquista Konstantinos Giagstoglou en Grecia, en solidaridad con la compañera anarquista Lisa acusada de una expropiación en Francia, Alemania… en los ataques contra Turquía en solidaridad con el pueblo kurdo que lucha por su supervivencia y en el persistir de las acciones de la FAI-FRI en Italia, Grecia, España, Chile, Alemania…

Esta es, en mi opinión, la práctica de los anarquistas que hoy más molesta al poder. ¿Cuanto le molesta? No podemos decirlo, pero seguramente algún problema causan estas campañas internacionales, aunque sólo sea en perspectiva. Lo hermoso de una praxis que funciona es que es contagiosa, poco o nada puede hacernos la represión cuando el anonimato envuelve esta tela impalpable de acciones tejidas por manos anónimas. Como siempre ocurre cuando se vislumbra algo nuevo, quien se molesta no es sólo el enemigo sino también los que se remiten a la “tradición”, a la “pureza” ideológica de los textos “sagrados”. Puede darse el caso de que también nosotrxs, anarquistas, gritemos a la herejía. Compañeras y compañeros que en el pasado han actuado codo a codo tratan a los “herejes” de estúpidos y tontos que no han entendido nada del “proyecto inicial”, del “auténtico” proyecto insurreccional. ¿Pero tiene sentido esta contraposición? Y si reconocemos en ambas “tendencias” informales una unidad estratégica y metodológica, ¿cuáles son las diferencias entre lo “viejo” y lo “nuevo”? Aparentemente estas diferencias parecerían existir, al menos desde el punto de vista del poder. Por nombrar un ejemplo, en el proceso de “Scripta Manent” los escritos de los insurreccionalistas “históricos” son tomados como ejemplo de un “anarquismo bueno” que se contrapone al de los imputados definido como “malo”. El habitual juego de los buenos y los malos. Ha llovido mucho desde el proceso “Marini”, cuando la parte de los buenos, necesaria para el poder, era adjudicada a los anarquistas de la FAI italiana. No me malinterpretéis, sigo opinando que, por mucho que puedan decir los jueces, fiscales y otras asquerosidades, lxs anarquistas son todos indigestos para el poder, cualquier poder. Soy el primero en decir que son sólo instrumentalizaciones, pero indican lo que la represión busca hacer, revelan no solo la verdadera esencia del poder, sino también y sobre todo de lo que en un determinado momento este teme, una brújula que nos indica la práctica más eficaz, porque es la más temida. Y observad bien que la represión no sólo se limita a reprimir a quien golpea materialmente sino también a quien propone una estrategia de ataque diferente con las palabras y el pensamiento, más simple, más dinámica e impalpable. Bastaría con escuchar alguna audiencia de la “trágica” payasada que se está realizando en Torino para darse cuenta de ello. Es estúpido redactar evaluaciones, lo sabio es hacerse alguna pregunta.

Dejemos a un lado el punto de vista de la represión y busquemos responder a la pregunta sobre las diferencias entre lo “viejo” y lo “nuevo”. Es la “coordinación” la primera diferencia que salta a los ojos entre el insurreccionalismo “inclusivo”, “social” y quienes como la FAI-FRI se relacionan únicamente a través de la acción, dando vida a las llamadas de ataque. En la estrategia insurreccionalista ligada a luchas intermedias sobre un territorio delimitado (por ejemplo en Val Susa), la coordinación es indispensable para garantizar esa constancia en el tiempo que permite adaptarse a los continuos cambios de la lucha “popular”. Además, esta “coordinación” debe operar sin dejar rastro, porque tiene que “direccionarse” sin revelar sus propios objetivos insurreccionales, porque el “movimiento real” (la gente) no entendería una perspectiva de enfrentamiento radical sin mediaciones y la interpretaría como suicida. Las “piezas” de esta estrategia pueden tener muchos nombres: “organizaciones autogestionadas”, “comités de base”, “asambleas populares”… Y deben moverse con sabiduría y prudencia como en una partida de damas. Un “juego” de estrategia que corre el riesgo de caer en la “política” y en la “mediación”, pero que, si lo lográra, llevaría a una insurrección, aunque sólo fuese en pequeños territorios. La coordinación implica un riesgo en común con la organización específica, el de generar una élite de profesionales de la insurrección que gracias a su capacidad y voluntad deciden y lo controlan todo o casi todo. No existe este riesgo entre grupos, individualidades, organizaciones informales que forman parte de la llamada “nueva anarquía”. En esta “internacional anárquica” no existe ninguna “coordinación” entre los grupos que la componen… estos se limitan a concentrar sus propias fuerzas en objetivos similares a través de las campañas internacionales, promovidas por las reivindicaciones. No se da ninguna caducidad o estructura en común, ni siquiera mínima, fuera del propio grupo… El archipiélago de la FAI-FRI es una de las componentes de esta “internacional” que a su vez está igualmente “desestructurada”.

Otra diferencia que salta a vista es la “reivindicación”. Los insurreccionalistas (viejo estilo) la aborrecen, como aborrecen siglas y acrónimos, para ellos las reivindicaciones sirven sólo para afirmar la propia existencia arrastrándose en un mecanismo estéril de auto-representación y reduciendo al “oprimido”, al “excluido”… al rol de simple espectador. Este discurso tendría su lógica, si no fuese porque la “reivindicación” en nuestro caso es un medio para comunicarnos entre nosotros. En mi opinión, una crítica de este tipo está fuera de lugar ya que hablamos de una comunicación interna del “movimiento”, dirigida por lo tanto a las fuerzas que ya existen, a anarquistas y rebeldes conscientes que ya practican la acción destructiva. Esta especie de “internacional anárquica” no puede tener como objetivo hacer “proselitismo” ni mucho menos guiar a los/as oprimidos/as hacia la anarquía como si fuesen ovejitas en busca de un pastor. Nosotros mismos somos oprimidos y utilizamos las reivindicaciones para simplificarnos la vida y evitar estructuras complejas y coordinaciones farragosas que ahogarían nuestra acción ralentizándonos. Esta forma de comunicación nos permite una mayor operatividad, si luego hay alguien que se limita a aplaudir, en el fondo no nos concierne, problema suyo. En cuanto a los acrónimos y las siglas, no son indispensables, pero cuando están (por ejemplo la FAI, la CCF…) sirven “sólo” para dar continuidad a un discurso, un modo de “unir” permaneciendo separados. Los siguientes fragmentos de dos reivindicaciones, una en italiano y otra en alemán, son el ejemplo concreto de este diálogo continuo a través de las acciones que superan las fronteras de los Estados Nación “uniéndonos” sin estar organizados. En mi opinión, son un ejemplo real, vivo, latente, de una de las tantas formas que la “organización informal” puede darse ahora e inmediatamente:

– Roma, Célula Santiago Maldonado/ FAI-FRI reivindica el ataque explosivo contra Cuartel de Carabinieri (07/12/2017): “Cada individuo y grupo de afinidad desarrolla y aumenta sus propias experiéncias en la vinculación fraternal… La organización jerárquica estructurada además de matar la libertad de los individuos, expone más a la reacción de la opresión. La organización anarquista informal es el instrumento que hemos considerado más apropiado en este momento, para esta específica acción, porque nos permite tener junta nuestra irreductible individualidad, el diálogo a través de la reivindicación con lxs otrxs rebeldes y finalmente la propaganda vehiculada por el eco de la explosión. No es y no quiere ser un instrumento absoluto y definitivo. Un grupo de acción nace y se desarrolla sobre el conocimiento, sobre la confianza. Pero otros grupos e individuos pueden compartir, incluso solo temporalmente, una proyectualidad, un debate, sin conocerse personalmente. Se comunica directamente a través de la acción…

Con esta acción lanzamos una campaña internacional de ataque contra hombres, estructuras y medios de represión. Cada unx con el instrumento que considere más oportuno y si lo desea contribuyendo al debate…”

– Berlín, Célula “Minoría Violenta” / FAI reivindica incendio contra un vehículo de una empresa de seguridad (06/03/2018):

“El incendio de vehículos de las empresas de seguridad en Berlín como útil medio de comunicación. Citando otras reivindicaciones seguimos la propuesta de relacionarnos para desarrollar tanto una movilización más amplia de grupos militantes en Europa, como para desarrollar nuestra base teórica. Reconocemos las palabras y la solidaridad y las compartimos, cuando RouviKonas escribe sobre el ataque contra la embajada de Arabia Saudita en Atenas, el 19-12-2017… Algunas personas en Roma expresan nuestros mismos pensamientos cuando reivindican como Célula Santiago Maldonado FAI/ FRI el ataque explosivo contra el cuartel de los carabinieri en San Giovanni… A veces es necesario definir el contexto en el que actuamos, como han hecho los anarquistas en BarLe-Duc, cuando han volcado mucha rabia y alguna llama en el aparcamiento de Enedis… Aunque seamos pocos podemos organizarnos en vez de esperar la aprobación de los llamados “organizadores del movimiento” y reaccionar frente al ataque de las autoridades. Podemos actuar y elegir solos nuestros tiempos por nuestra cuenta…”

Para terminar con las citaciones, una aportación del otro lado: un texto “insurreccionalista” sacado de “Avis des Tempetes boletín anarquista por la guerra social” n. 1 (15/01/2018); el título del artículo “Ricominciare”: “…La organización informal o, más bien dicho, una autoorganización sin nombre, sin delegaciones, sin representaciones… Para ser claros: las organizaciones informales son múltiples, en función de sus objetivos. El método informal no aspira a juntar a todos los anarquistas en una misma constelación, sino que permite multiplicar las coordinaciones, las organizaciones informales, los grupos de afinidad. Su encuentro puede ocurrir en el contexto de una propuesta concreta, de una hipótesis o de una proyectualidad precisa. Esta es la diferencia entre una organización informal, del entorno de los irremediablemente “vagos y maleantes” [NdT: “vaghi e sotteranei”, literalmente “vagos y subterráneos”] (que no buscan seguidores) y otros tipos de organizaciones de lucha, para las que lo importante es casi siempre afirmar su propia existencia con la esperanza de tener un peso sobre los hechos, dar indicaciones respecto a los recorridos a seguir, ser una fuerza más en la balanza de los equilibrios del poder. La organización informal se proyecta en otra parte esquivando la atención de los perros del dominio, existe sólo en los hechos que realiza. En definitiva, no tiene un nombre al que defender o afirmar, sólo tiene un proyecto que realizar. Un proyecto insurreccional…”

Los/as compañeros/as que en los años 80-90 en Italia han vivido en su propia piel el llamado “proyecto insurreccional” deberían haber entendido que no bastan las palabras bonitas y las espléndidas teorías para evitar “…la atención de los perros del dominio…”. El proceso “Marini” hace escuela con sus decenios de años repartidos y de vidas rotas. No bastan la falta de reivindicaciones y de acrónimos para ser “…vagos y maleantes…” cuando “…irremediablemente…” nos vemos forzados, para no permanecer aislados del contexto “social”, a participar en asambleas donde todos saben antes o después todo y donde gregarismo, autoridad y poder hacen puntual e inexorablemente su aparición. Nada, en mi opinión, está más lejos del anonimato que el “proyecto insurreccional” entendido de manera inclusiva, “social”. No basta con la voluntad de “…no buscar seguidores…” cuando las luchas sociales en las que participamos nos hacen actores y figurantes de fenómenos mediáticos como la Val Susa, o aún más atrás Comiso, “laboratorio” donde esta proyectualidad ha sido experimentada en la práctica, al menos aquí en Italia. La perspectiva insurreccional conlleva estos riesgos, podemos afrontarlos o no, se trata de una cuestión de carácter y perspectivas y quizás también de resultados… No puedo olvidarme de los silencios en las asambleas en las que siempre hablaban los mismos, “de hecho” decidían. Culpa de la inmensa mayoría de silenciosos, yo también me encontraba entre ellos. Demasiado condicionado por la autoridad (seguramente no buscada) de compañeros/as con más experiencia, con más conocimiento, más buenos para hablar, explicarse, más buenos para hacer, quizás…

Hoy, fuera de esta celda, no sé qué ha quedado de esta proyectualidad. Después de la desilusión de Val Susa muchos/as compañeros/as deberían, quizás, reflexionar sobre la necesidad de calcular mejor la propia acción y no rebajarla, sino apuntar más alto y darse cuenta de que seguir a la “gente” a todo precio se vuelve contraproducente. La lucha “intermedia” corre el riesgo de empujarnos hacia atrás más que hacia adelante, haciéndonos perder el sentido de lo que somos, un poco como pasaba en el siglo pasado con el anarco-sindicalismo. A quien en aquellos años no estaba se le pueden contar un montón de cuentos, pero más a menudo terminamos por contárnoslos a nosotros mismos para mantener en vida ilusiones consoladoras o nuestro propio jardín dentro del movimiento. Y justamente para no contarme cuentos tengo que ser claro (sobre todo conmigo mismo): no existe una práctica “pura” que no implique algún compromiso o riesgo. La “pureza” no existe, y mucho menos cuando hay que arrojarse en una lucha desesperada en la que el “enemigo” nos rodea por todas partes. Como tampoco existe una afinidad “indestructible”, “absoluta” (la desilusión puede estar siempre a la vuelta de la esquina), no es seguro que sobreviva a todos los obstáculos que el poder nos pone delante. Cuando no nos organizamos a través de una organización formal todo se basa en la amistad, en la lealtad, en el respeto de la palabra, en el afecto, en el amor y en el coraje, cosas que nos equivocamos al darlas por “eternas”. Aún más que una organización clásica, en la informalidad hay que estar siempre preparados para permanecer solos. Nuestro destino está totalmente en nuestras manos, no existen delegaciones de ningún tipo. El grado de independencia, de autonomía, debe ser siempre el máximo. Creo que es sano, en el fondo “lo que no nos mata nos hace fuertes”, esperemos… Para concluir, creo poder afirmar que nos encontramos ante dos estrategias diferentes basadas en la informalidad que actúan en dos planos totalmente diferentes: la primera tiene como referente lo social, el “movimiento real” y tiene el ambicioso objetivo de desencadenar a largo plazo una insurrección generalizada partiendo de conflictividades restringidas a un territorio concreto. La otra tiene el objetivo más “modesto” de hacer el máximo de daño posible, sin poner tiempo de por medio, con las fuerzas reales (por “escasas” que sean) que los/las anarquistas tienen hoy a disposición. Entre las dos estrategias no tienen que haber contraposiciones, pueden coexistir tranquilamente, bien separadas, en un mismo tiempo, lugar y lucha específica. Otra cosa que creo poder afirmar con certeza es que cualquier práctica conlleva riesgos: en la organización informal “abierta” que busca una relación con lo “social”, está el riesgo de que nos diluyamos y tendamos la mano a la mediación de la política. En la organización informal, “instrumento para hacer la guerra” (ejemplo la FAI/FRI), está el riesgo de terminar en un “sectarismo”, en una clausura total con el resto del mundo. Con el tiempo podemos olvidarnos de que es sólo un instrumento entre tantos y no un fin en sí mismo, corriendo el riesgo de transformarnos en “fans” de un acrónimo y no simplemente partícipes momentáneamente de un “instrumento” en común. Para evitar caer en esta especie de “autismo” y repetir infinitamente los mismos errores, bastaría con no contentarnos nunca con los resultados obtenidos, afilar continuamente las armas y sobre todo no olvidar la utilidad de la autocrítica, porque nadie tiene la “verdad” en el bolsillo, si es que existe una “verdad”.

En los últimos años, con esta “internacional” de la acción, muchos hermanos y hermanas han empezado un recorrido nuevo abriéndonos perspectivas que ayer eran impensables. No nos dejemos arrastrar también nosotros por el “autismo de los insurrectos”, sería imperdonable…

¡Larga vida a las campañas internacionales!

¡Larga vida a la CCF! ¡Viva la FAI/FRI!

¡Viva la Anarquía!!!

Paola*, Anna* que la tierra os sea leve…

Alfredo Cospito

*Paola, compañera activa en las luchas animalistas, en el ecologismo radical y contra todas las cárceles “… incluso en la afirmación de una ética que se está perdiendo por las calles.” Lamento no haberme cruzado nunca contigo…

*Anna Campbell, compañera de Bristol del Anarchist Black Cross asesinada en Afrin mientras estaba combatiendo con la YPG.

fonte: publicacionrefractario.wordpress.com